lunes, 11 de julio de 2016

A González López

Nuestro pueblo está sufriendo la peor crisis de su historia. No consigue los alimentos ni las medicinas y cuando ocurre el milagro de hacerlo, cada vez menos le alcanza el dinero para comprarlas.

Y es que esta crisis nos golpea a todos, pero golpea con mucho más fuerza a los más indefensos. Nuestros niños se están enfermando y se están desmayando en las escuelas porque no están comiendo bien; niños que lastimosamente han perdido la vida por no contar con los medicamentos para someterse a un tratamiento; niños inocentes que ven su futuro truncado porque son víctimas de un sistema corrupto, ineficiente y antidemocrático que ha llevado a nuestro país a la ruina.

Dada esta situación, hace tres meses le pedí a mi esposa Lilian que en su lucha por llevar por el mundo el mensaje de libertad y justica de los presos políticos, dedicara mucho tiempo también a buscar ayuda internacional para nuestro pueblo que sufre, entre otras tantas cosas, por no encontrar con qué curarse en los hospitales, clínicas y ambulatorios.

El resultado, debo decir con orgullo, ha sido verdaderamente asombroso. Con la ayuda de otros dirigentes y cientos de voluntarios se organizaron grandes colectas de insumos médicos en varias ciudades del mundo. Muchísimas fueron las personas que se volcaron a donar con desprendimiento insumos médicos que sirvan a los venezolanos para sobrellevar de la mejor manera posible esta espantosa crisis.

Con esas importantes donaciones, le pedí  que recorriera el país para llevar ayuda a quienes más lo necesitan. En su camino se levantaron muchas barreras, todas ellas hechas por los mismos responsables de la crisis que nos azota a todos, quienes pareciera no sentirse satisfechos con someter a la miseria al pueblo venezolano sino que también atacan a quienes quieren ayudar: desde alcabalas militares en las vías y autopistas principales para impedir el paso, cancelación de boletos aéreos, hasta ataques de grupos violentos identificados con el gobierno nacional. Nada ha podido detenernos. Y es que ante el dolor de nuestro pueblo que con impotencia llora por no tener con qué curar a un hijo enfermo nosotros no podemos hacer otra cosa que seguir adelante.

Sé que por esto y por las posiciones firmes que he mantenido sobre las condiciones para un diálogo (respeto al revocatorio 2016, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos), es que ahora la dictadura y sus esbirros han decidido cobardemente atacar de nuevo a mi familia, criminalizar a mi partido Voluntad Popular y recrudecer las condiciones de mi encarcelamiento. No les basta con mantenerme injustamente encarcelado, sino que ahora también pretenden ir en contra de mi familia. Así de grande es el miedo, así de grande es la cobardía de un régimen que va contra hombres, mujeres y niños por igual.


La ceguera de quienes están en el poder, de sus esbirros y derivados como González López y mi carcelero Viloria, no les permite ver la realidad. Señores, ¿después de más dos años teniéndome secuestrado en una cárcel militar no me conocen? No me van a quebrar. Como no han podido quebrar ni postear a este pueblo pese a 17 años de intento. Mantendré  inquebrantable mis convicciones democráticas y mi lucha. No serán ustedes quienes, por estar enfermizamente aferrados al poder, le roben la esperanza a este pueblo que quiere y lucha por un cambio pacífico, constitucional y democrático.


                Leopoldo López
                    Cárcel Militar de Ramo Verde