martes, 15 de diciembre de 2015

Venezuela después del 6D (*)

(*) Este es un anticipo de la entrevista exclusiva concedida por Leopoldo López a Edgar López del diario El Nacional, cuyo contenido completo se publicará el domingo 20 de diciembre en los diez periódicos que integran el Grupo de Diarios América, que este año escogió al líder opositor venezolano como Personaje Latinoamericano de 2015.

Ese día, luego de dos semanas exigiendo mi derecho a votar, pude hacerlo en horas de la tarde. Pese al aislamiento al que estoy sometido pude enterarme esa misma noche de los resultados y no pudo ser de mejor manera. Estaba en mi celda cuando de pronto escucho a cientos de personas que viven en el sector que está al lado de la cárcel gritando "sí se puede, sí se puede", y me sorprendió mucho cuando, en medio de la celebración, escuché "Leopoldo, amigo, el pueblo está contigo". Quienes gritaban sabían que iba a escucharlos y que de esa forma me iba a enterar de lo que había sucedido. Lo primero que me vino a la mente fueron las poderosas palabras de arranque de nuestro himno: ¡Gloria al bravo pueblo! y no pude contener la enorme emoción, muy parecida a la que tuve el día que recibí la noticia de que se había fijado la fecha de la elección parlamentaria luego de que, junto a mi hermano Daniel Ceballos y más de 100 jóvenes en todo el país, hicimos una huelga de hambre de casi 30 días para exigirla. Por eso, como pude en medio de la oscuridad, me subí a la ventada de mi celda para tratar de ver a los que estaban afuera celebrando y así gritarles algo. Al principio la neblina no me dejó ver mucho, pero poco a poco se fue disipando y pude ver a la gente feliz celebrando la victoria.

Esa noche me acosté más comprometido que nunca con la lucha democrática, porque al ver y escuchar a un pueblo gritar consignas a escasos metros de una cárcel militar que se ha convertido en uno de los símbolos de la dictadura sin ningún miedo a represalias, me dije: ha valido la pena, vale la pena cualquier sacrificio por la libertad de nuestro pueblo. Pensé en el sufrimiento que han tenido que pasar los venezolanos por culpa de un modelo equivocado, importado, que no se parece en nada a nosotros y que ha tratado de ser impuesto por la fuerza y reflexioné mucho acerca de los venezolanos que en el pasado confiaron en ese proyecto y, defraudados, ahora apuestan por un cambio. Es una obligación de la toda la Unidad comunicarles y hacerlos sentir que ese triunfo es de ellos, para ellos y por ellos.

Al día siguiente ya pude enterarme por medio de mi abogado, de los detalles y de la magnitud de la victoria. Antes de las elecciones habíamos dicho que en esta oportunidad sí ocurriría un plebiscito, no entre opositores y oficialistas, no. Un plebiscito entre todo un pueblo unido y una élite corrupta, ineficiente y antidemocrática encabezada por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Y vaya que fue así y el domingo los venezolanos escribimos un nuevo capítulo glorioso en nuestra historia al doblegar a una dictadura a través de los votos.

El pueblo, consciente de toda su fuerza, se expresó por el cambio de forma arrolladora y no solo votó, si no que defendió su voto hasta el final. Los venezolanos le pusimos la  mano en el pecho a una élite que ha buscado hacernos creer que un país distinto no es posible y demostramos que sí se puede.

Antes del 6 de diciembre pude enviar una carta donde mencionaba que ganar la Asamblea Nacional era  un objetivo fundamental en el camino por conquistar la democracia y construir La Mejor Venezuela, pero que los venezolanos sabíamos que ese era solo un primer paso. Uno que sin duda que nos obliga, desde la Unidad, a una mayor responsabilidad para estar a la altura de todas las esperanzas y expectativas de nuestro pueblo.

CARTA DE LEOPOLDO LÓPEZ:



Haber ganado representa la conquista para la lucha democrática de una institución fundamental y representa un debilitamiento de la dictadura, en la búsqueda de su quiebre definitivo. Pero también queda claro que para que Venezuela cambie definitivamente debemos recuperar todas las instituciones. Hoy el TSJ nombrado inconstitucionalmente y que se pretende "renovar" entre gallos y madrugadas para incorporar más incondicionales al régimen antes de que se instale la nueva Asamblea, sigue secuestrado, imposibilitando que haya verdadera justicia en Venezuela. El Defensor del Pueblo solo defiende a la dictadura. La Fiscal General de la República protege a los poderosos y en Venezuela las víctimas que se atreven a denunciar son los que terminan acusados y encarcelados. La Contraloría General de la República solo funciona en épocas electorales para inhabilitar a todo el que piensa distinto, mientras de forma cómplice observa el mayor robo y saqueo que se ha hecho al pueblo venezolano en su historia. El CNE nuevamente jugó un triste papel en este proceso electoral, permitiendo la campaña más abusiva de la historia y extendió de manera ilegal la votación el domingo en un acto desesperado de la dictadura.

Con la victoria popular del domingo hoy la dictadura está debilitada, sí, pero aún mantiene secuestrados a los otros poderes del Estado y como ya anunció Maduro los usará para desconocer la voluntad expresada por el pueblo. Estoy seguro que nuestros diputados de la Unidad se mantendrán firmes y harán respetar la voluntad popular y que debemos manejar la victoria con humildad y serenidad, pero al ver la reacción que ha tenido Nicolás Maduro y Diosdado Cabello frente al triunfo democrático queda aún más claro que no podemos detenernos ni un instante en conseguir el cambio definitivo que tanto demanda nuestro pueblo. La dictadura está debilitada, sí, pero aún vivimos en ella y nuestro pueblo votó para cambiar un sistema que lo oprime, que lo humilla y que imposibilita que pueda encontrar las soluciones a sus problemas más sentidos. La dictadura está debilitada y es nuestro deber no darle respiro. Si Maduro y el resto de las cabezas de los poderes secuestrados por una élite corrupta y antidemocrática torpedean el cambio, pues hay que cambiarlos. 

Estoy convencido que la nueva Asamblea Nacional no sólo tiene como tarea dictar leyes democráticas, sino que tiene un compromiso histórico de impulsar el cambio político que tanto anhela nuestro pueblo. Estamos obligados a impulsar al mismo tiempo el cambio político, el reimpulso económico y una nueva agenda social para todos los venezolanos, no hay duda, pero es una realidad y hay que ser responsable con nuestro pueblo hablándole con la verdad, que no habrá solución a los problemas que sufrimos sin que antes hayamos podido lograr el cambio político de la cúpula corrupta que hoy usurpa el poder. No es posible reactivar la producción nacional y por tanto vencer la escasez y la inflación, dos grandes sufrimientos de nuestro pueblo, mientras continúe en el poder un régimen que culpa de su derrota a una ficticia “guerra económica”. No es posible solucionar la inseguridad mientras continúe en el poder una dictadura, que no es solo cómplice de la delincuencia, sino que mantiene secuestrado el poder judicial y por tanto la esperanza de que exista justicia y no reine la impunidad.

Desde el 2014 hemos sostenido que hay que salir por la vía constitucional de este desastre lo más pronto posible. Frente a las inmensas injusticias que hoy sufre el pueblo venezolano, no hay espacio para el cálculo político ni para las conveniencias personales. Ante las injusticias, los atropellos y las violaciones a los derechos se reacciona. A las injusticias se les combate. A las injusticias se les planta la cara con decisión, sin miramientos ni recelos. Yo he decidió enfrentar a esta dictadura en todos los terrenos, tanto en la calle protestando legítimamente, en lo electoral  y en lo moral y estoy convencido de que vale la pena.

Se trata de reaccionar frente a la urgencia; la situación del país, la destrucción del país, el sufrimiento de nuestro pueblo, lo amerita. Venezuela se cae a pedazos ante nuestros ojos. ¿Cómo le decimos a los venezolanos que viven angustiados de salir a las calles y con el temor de perder sus vidas, que debemos esperar hasta el año 2019 para cambiar este sistema? ¿Qué le decimos a los venezolanos que hacen colas todos los días y cuya situación económica empeora al mismo tiempo?

Como hemos dicho desde en el pasado, allí están los mecanismos constitucionales. Ratifico el compromiso con mis compañeros de la Unidad para que tal como acordamos en julio de 2015, demos una discusión profunda sobre cual mecanismo activar para lograr el cambio político, si es el revocatorio, la enmienda, la renuncia o la constituyente.

La dictadura está debilitada, sí, pero seguimos viviendo en ella; la dictadura está debilitada y es deber de los demócratas no darle respiro. Unidos lo lograremos. ¡Fuerza y Fe!



domingo, 22 de noviembre de 2015

El día que llegué a Ramo Verde




Me presenté ante una justicia injusta.

Fui encerrado en la prisión de Ramo Verde el 18 de febrero a las once y media de la noche. Ese día me había despertado a las tres de la mañana. A las 4 am salí escondido en la maleta de un carro desde mi sitio de clandestinidad, pasé 45 minutos hasta llegar a Caracas. Durante esos 45 minutos que parecieron horas, no dejé de pensar en las víctimas del secuestro que son sometidas y trasladadas de esa forma. Estaba sensibilizado con el tema puesto que días antes habían secuestrado y asesinado al hermano de un buen amigo mío. Pensé en mi familia, en mis hijos y sobre todo pensé dónde iba a terminar ese 18 de Febrero.

Mi presentación la tenía planeada para las once, justo en medio de una concentración convocada por ese motivo. Llevaba seis días en clandestinidad y Nicolás Maduro había anunciado el despliegue de todas las fuerzas públicas en búsqueda “del terrorista Leopoldo López”. Me buscaban con afán, allanaron mi casa, la de mis padres, la sede de Voluntad Popular y, fusiles en mano, detuvieron a varios compañeros que encontraron en ella. 

Logré llegar a la concentración en moto. Fueron minutos tensos, tuve que pasar por un punto de control de la Guardia Nacional y pude hacerlo porque no me quité el casco integral. Al llegar hasta donde estaba la multitud sabía que ya no me podrían detener, fue entonces cuando me quité el casco. Caminamos hacia la plaza Brión. No había ninguna tarima ni sonido. Solo había gente, muchísima gente, mucha más de la que podía haberme imaginado, todos de blanco, en alusión a la paz, como habíamos pedido en la convocatoria (hecha mediante video grabado en mi corta clandestinidad). El llamado se había hecho por las redes sociales, de manera artesanal. Nunca voy a olvidar la inmensa solidaridad y el cariño que me trasmitió ese día el pueblo de Caracas, pueblo por el que, sin dudarlo ni un segundo, haría mil veces el mismo sacrificio.

Al llegar al final de la concentración decidí subirme a la estatua de José Martí que, como recordatorio curioso, había sido remodelada durante mi gestión como alcalde de Chacao. Desde allí dije unas cortas palabras con la ayuda de un megáfono. Expliqué que me sometía a las autoridades del régimen porque no había cometido ningún delito y porque para mí no era una opción irme del país ni esconderme y jugar a la clandestinidad como seguramente quería el Gobierno. Estas fueron mis palabras, son la mejor prueba de mi inocencia y creo de manera firme en su contenido:

video

Quise también asegurarme de que la situación no se desbordara en razón de mi decisión: "Les ruego que cuando pase el cordón de la guardia nacional  se mantengan en paz. No quiero violencia". 

Soy inocente de los delitos de los que me acusan y asumí de manera franca la responsabilidad de haber convocado una protesta. Esa era y sigue siendo mi mayor fortaleza.

Para despedirme de los caraqueños les dije de todo corazón un mensaje que he repetido siempre a todos los venezolanos en todos los rincones de la patria: "Les pido que no perdamos la fe". Eso es fundamental para mantener la resistencia a este Gobierno autoritario, la fe que los venezolanos debemos tener en nosotros mismos, en nuestra inagotable capacidad para salvar los obstáculos y continuar el camino de la democracia, la libertad y el bienestar.

Al concluir, ya en compañía de Lilian, de mis padres y otros tantos líderes y activistas de distintos partidos fui hasta la barricada detrás de la que se apostaba la GNB. Allí estaba el Comandante General de la GNB, General Noguera, acompañado por el General (B) de la GNB, Benavides. Ambos insistieron en que me pusiera un casco y un chaleco antibalas —quizás buscando reforzar la especie, generada por el Gobierno, de que habría un atentado en mi contra, o para presentarme como un criminal—, obviamente tenía que negarme a hacerlo. Ellos me detuvieron formalmente y me metieron en una tanqueta de las desplegadas en el lugar. Había mucha gente, miles de personas. Pedimos apoyo y aplicamos la no violencia como estrategia. Pasaron tres horas entre un mar de gente hasta que pudimos salir en paz y sin agachar la cabeza.
           
Llegamos a La Carlota, a los minutos llegó Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. De ese encuentro hablaré más adelante. Dio la orden de que abordáramos tres helicópteros que se dirigieron a Fuerte Tiuna. No había otra manera de salir. Todas las entradas de La Carlota estaban tomadas por la gente, por el pueblo noble de Caracas que manifestaba en contra de mi detención. Desde el helicóptero pude ver la inmensa cantidad de gente que había acudido a manifestar, cientos, miles de caraqueños en las calles aledañas.

De Fuerte Tiuna fuimos en una caravana de vehículos hasta el Palacio de Justicia.  El vehículo donde me encontraba fue conducido por Diosdado Cabello. Al llegar tuvimos que esperar pues no estaban listas las actas ni los papeles relacionados con mi caso. No podían estarlo,  todo es forjado e inventado.

Esperamos y, a las dos horas, tuvimos la audiencia donde la Jueza 16 de Control me dictó medida privativa de libertad en la cárcel militar de Ramo Verde. La audiencia no concluyó y se pautó continuarla al día siguiente.

Del Palacio de Justicia a Ramo Verde me trajo también una caravana. En la camioneta donde venía estaba Diosdado, quien la conducía, el general Noguera y el general Hernández Dalla. La caravana era de unas diez camionetas y diez motos. Llegamos a las once de la noche. Al llegar nos recibieron, en formación, la oficialidad y los soldados que tienen a su cargo la custodia del penal, unos ciento veinte hombres en total. La presidía el coronel (GN) Humberto Calles. Su saludo fue: “Chávez vive, la lucha sigue”. Un saludo político que muestra el sometimiento  de la Fuerza Armada por y a una parcialidad política partidista, en evidente violación de la Constitución. Saludo que se repite en todas las guarniciones, en cada formación y en cada oportunidad en que un militar se dirige a otro. No obstante, por lo visto durante estos meses en prisión no es compartida por la gran mayoría uniformada.

Me llevaron a la entrada y de allí al anexo. Un edificio apartado en donde solo había una celda “normal”, el resto eran las celdas de castigo o “tigritos”, como se les llama en la jerga del penal. Subimos tres pisos, el pasillo era oscuro, las paredes estaban quemadas y había mucho polvo en el piso.  Llegamos a mi celda, me entregaron una sábana, un jabón, pasta de dientes y un cepillo. “Hasta mañana. En la mañana tiene audiencia”, me dijeron a manera de buenas noches. Se cerró la puerta, una reja de hierro pesada, con refuerzo de barrotes y una plancha con un pasador grueso de cabilla donde va un candado Cisa de los más grandes que he visto. Se cerró la puerta y luego los candados de la entrada al anexo. El ruido lo percibí con un eco hondo que subió las escaleras anunciándome, o recordándome, que esta es una cárcel. Es el ruido más característico de este lugar, un sello de sonido que dice: “Estás preso”.

La audiencia de presentación debió ser en el Palacio de Justicia de Caracas, pero la decisión del régimen fue no sacarme de Ramo Verde y hacer el acto en un “tribunal móvil”, un autobús que estacionaron a las puertas de la prisión (supongo que para cumplir con la formalidad de ser juzgado fuera de un penal militar). La audiencia duró doce horas y al final, luego de escuchar los absurdos alegatos de la Fiscalía, como ya estaba decidido por Maduro y su gobierno, me dejaron preso.

Durante todo el largo tiempo de la audiencia, los fiscales no me miraron a los ojos. Al final, uno de ellos, Franklin Nieves, se acercó y me dijo: “Lo siento mucho”. Me ofreció un chocolate y unos caramelos de menta. Los recibí y me dije, este hombre sabe que lo que está haciendo está mal, pero es prisionero del sistema, de la dictadura, tanto como lo puedo ser yo. Ya vendrá el tiempo de la liberación, para él, para los militares y para todos los venezolanos.


Así fue mi llegada, mi primera noche.  Esa primera noche en la cárcel es quizás la más larga. Es un punto de transición, de cierre de una etapa y el comienzo de otra. Esas largas primeras horas, echado en la cama, viendo el techo recordaba todo lo que había pasado desde el 12 de febrero: la clandestinidad, los allanamientos, la persecución y la presentación ante la justicia injusta. Pude asimilar entonces los eventos de ese 18 de febrero que comenzó en la maleta de un carro, la gente, los tribunales, un vuelo en helicóptero, la llegada a este sitio y el cierre de la reja con ese sonido. Desde ese día, aún 18 de febrero, hasta el 23 de septiembre, siete meses, estuve encerrado en la celda, en aislamiento, con solo una hora al día de patio.